PRACTICAS MILENARIAS

 

Las vicuñas demuestran ser protectores de su entorno natural. Estos auquénidos tienen especiales formas de vida, un solidario comportamiento y gracias a su inteligencia lograron perpetuar su descendencia sin alterar su raza. En las siguientes líneas, un acercamiento a las prácticas de esta cotizada especie. La vicuña en su comportamiento innato y adquirido ha demostrado ser un animal protector del medio ambiente: sobrio por excelencia, curioso por instinto, inmensamente paternal o maternal, por su Inteligencia; en su vida social, ha logrado evitar la consanguinidad madre-cría, hecho que le permite perpetuar su descendencia sin alteraciones de la especie.

Por su constitución morfofuncional, la vicuña no daña el hábitat donde vive, ya que sus órganos de locomoción y alimentación preservan la complementan en una armoniosa simbiosis pacha-uyas (naturaleza-vicuña), lo que es algo así como la sinfonía y la danza. Este auquénido se distingue por su plasticidad de movimientos finos, sus yanacama hatun ñawnikuna (ojos gran es y oscuros), con sumaq qechirakunawan (pestañas espléndidas), su qapachi senqa (nariz delicada) y su llañu sayarisaq hatun kunka (cuello erguido, delgado y largo).

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